LA MÍSTICA
Me cambié de casa hace poco y todo ha sido para mejor. Fue dejar atrás una etapa desafortunada de mi vida, olvidar ese dolor y comenzar de nuevo con aires renovados.
Lo único que conservo de aquella época pasada es la amistad de mi gran amigo Exequiel. Nos conocimos en la universidad y hemos mantenido una bonita amistad hasta el día de hoy.
Lo único que hoy en día me incomoda de él es que se transformó en alguien increíblemente crédulo. Me aburre con todas sus predicciones y ese nivel de convicción en todo lo que sea sobrenatural.
Pienso que hay que ponerle un poco de racionalidad a la vida o todo se transforma en un caos. Lo que más me desagrada es que ya somos adultos; sin embargo, su mente mágica le habla, según él. Es de las personas que se guían por horóscopos, cartas de tarot y cualquier cosa que sea intangible. Busca señales donde no las hay y hoy en día vive la vida de esa forma.
Siempre fue un poco hippie, pero ahora todo está desbordado.
Por respeto a los años de amistad y a que de verdad lo quiero, prefiero obviar sus comentarios cuando intuyo que la conversación va para un lado esotérico. Aun así, se las ingenia para volver una y otra vez al tema. Siento que de alguna manera intenta demostrarme que todo lo que sucede es mágico, que nada es casual y que todo casi obedece a una misteriosa y mística magia astral. ¡Puras pamplinas!
Hoy, como cada viernes, nos juntamos. Antes amaba esta instancia, ya que todo era más normal para mí, pero por alguna razón hubo una inyección de esoterismo en su vida hace años. Ahora lo único que falta es que se ponga un turbante en la cabeza y camine con las manos en posición de flor de loto.
Como es habitual, fuimos por unas cervezas y una cena liviana. Lo hacemos desde la época de la universidad. Claro que antes conversábamos sobre asignaturas y sobre todo fantaseábamos sobre nuestro futuro.
El futuro fue bastante distinto al que imaginábamos en esas conversaciones, y hoy en día nos reímos recordando ese pasado anecdótico.
Estábamos terminando esa conversación cuando me mira fijamente a los ojos. Intuí que venía una frase mística y espiritual. Me toma la mano y me dice: —Todo pasa por algo y en el momento justo—.
Lo miro, me sonrío y levanto la otra mano para pedir la cuenta, pagar e irnos.
Cuando llegué a mi casa, recojo, como de costumbre, la correspondencia que ha llegado durante el día. Tiro las llaves sobre la mesa, cuelgo la cartera en la silla y comienzo a revisar cada sobre.
Uno en particular llama mi atención. Era viejo, estaba escrito a mano y sin ningún sello postal.
Rápidamente lo abro; en el interior, un solo papel doblado y amarillento. Lo desdoblo mientras mis pupilas se dilataban y un escalofrío me recorre la espalda. Estaba escrito con mi letra y decía:
“Si estás leyendo esta carta, es porque has llegado al lugar correcto para vivir todo lo que viene…”

Comentarios
Publicar un comentario