ACORDES




    Se ocupaba cada mañana en ordenar los libros que habían dejado desordenados el día anterior. 

    Su compañera de trabajo, una mujer septuagenaria que ha dedicado toda su vida a ese trabajo y en el mismo lugar. Quizás por esto, se quedaba todo el día detrás del mesón, mientras a ella le tocaba el orden de los libreros en la biblioteca publica de la ciudad, donde trabajaban.



    Scarlett es joven, aún no alcanza los 40 años, y gran parte de su vida también la ha dedicado a esa biblioteca. Ama los literatura por sobre todas las cosas. Estudio bibliotecología por vocación, y movida por ese intenso amor hacia los libros que la abstraen de lo cotidiano. No obstante ese intenso amor hacia las letras, mantiene algo en un discreto silencio: es amante de la música Heavy Metal, una especie de secreto que solo ella sabe. 


    Lleva éstos dos mundos de muy buena forma, ya que no se cruzan. Durante la semana es la bella bibliotecaria de la ciudad, y los fines de semana cambia su ropa, su peinado y visita esos bares rockeros que tanto abundan en la ciudad, además de alguno que otro concierto.



    No ha sido fácil para ella esta mezcla, ya que al intentar conocer hombres que le puedan resultar interesantes, se estrella con las diferencias evidentes entre cada mundo.

    Por un lado, el rockero, macho alfa, gritón, poco fino o con modales burdos; y por el otro, los intelectuales, amantes de la lectura, que visitan la biblioteca, son mas bien apagados o tienen vidas en exceso aburridas para ella.


    Ama la literatura de ficción, quizás como una forma de mantener viva la esperanza de esa fantasía de encontrar a aquel hombre que logre conjugar ambos mundos, o lo haga en alguna medida; sin embargo, su historia le ha hecho ver que eso es casi imposible.



    Sus días en la biblioteca eran rutinarios y transcurrían lento, como en toda biblioteca. Música tranquila y poco movimiento. No son muchas las personas que hoy en día visitan bibliotecas.

    En general, su día a día no era muy emocionante. Pasaba casi siempre lo mismo, en el mismo lugar y por lo general, con las mismas personas. No es algo que le gustase del todo, pero tampoco le desagradaba. Solo sus coléricos fines de semana eran esa excepción que tan bien le hacia a su vida. La hacían sentir viva y la llenaban de energía.



    En la biblioteca aprovechaba los ratos de ocio para hojear algún libro sobre ficción o música. Idealmente del Rock clásico, esa cuna de la música que tanto le gustaba. No habían muchas opciones, por lo que casi siempre terminaba mirando el mismo ejemplar de la historia de rock publicado en los 90, el mas nuevo que tenia la biblioteca.



    Ese lunes por la mañana, se abrieron las puertas de la biblioteca y  entró un hombre elegantemente vestido. Con un traje a medida, alto y con una mirada segura.

    De aspecto en extremo varonil y unos ojos azules que cautivaron la mirada de Scarlett a penas lo vio.


    Entró, miró el entorno y avanzo. Mientras Scarlett caminaba hacia él, su corazón latía fuerte, sentía algo de vergüenza y afloraron todas sus inseguridades. Era el hombre perfecto para ella, por lo menos en lo físico. La cautivo sin decir una palabra.


-¿Le puedo ayudar?, dijo ella.

- Si, por favor, dijo él.


    Soy abogado y vengo recién llegando a la ciudad, en realidad al país, y debo convalidar mi titulo, por lo que necesito libros sobre las leyes locales para poder dar el examen y validar mi profesión acá.


    Aquel hombre la había cautivado por su presencia y estampa, pero rápidamente entraron esos pensamientos que separaban sus mundos.

    Un hombre así, seguro que oye música clásica o similar. Visita lugares aburridos y es casi seguro que su vida se basa en el éxito y el dinero, pensó.

    Reprimió sus pensamientos de haber encontrado en él, al príncipe azul con el que tanto soñaba e intento volver a poner los pies sobre la tierra.


    La sección de libros de leyes se encontraba en un segundo piso, justo al lado de los libros que ya habían sido retirados de la exhibición principal por poco uso.


    Lo guió hasta el segundo piso sin apartar sus ojos de él. Estaba encantada no solo por su presencia física, sino además por su educada forma de hablar. Él, sin ser empalagoso, tenia un trato hacia ella muy deferente y educado, cosa que solo aumentaba su gusto por él.


    El hombre le contó que venía llegando de otro país, buscando nuevos horizontes. Su profesión le apasionaba, pero la rutina del estudio jurídico en el que trabajaba no le gustaba, por lo que quería comenzar a trabajar de forma independiente.


    Ese hombre tenía todo lo que a ella le gustaba, pero estaba ese lado “B” en ella, el del rock a volumen fuerte y esa pasión por lo estridente.

    Ya le había pasado antes: encontrar esa media naranja, pero faltaba esa otra mitad de su ser.

    En fin, pensó, uno mas. Conformándose con el pensamiento de que nada podría pasar entre ambos.



    Llegaron a la sección de leyes y el comenzó a mirar con detenimiento. Ella no podía despegar su vista de aquel hombre. Él, en ciertos instantes, la miraba esbozando una sonrisa y continuaba su búsqueda.

    Escogió 2 ejemplares que le servían, y siguió mirando. De pronto, echándose hacia atrás para ampliar su perspectiva, detuvo su vista en un libro que estaba por sobre la altura de su cabeza. Era un texto antiguo sobre la historia del Rock en el mundo, publicado en los años 80 y que llevaba mucho tiempo ahí sin que nadie lo tomara.

    Sus enormes ojos azules se abrieron y esbozó una sonrisa.

¿Puedo tomarlo?, dijo.

Claro, dijo ella.


    Alzo su brazo para alcanzarlo y, mientras lo hacia, el puño de su camisa se deslizó hacia atrás y dejo entrever un tatuaje en su muñeca. La camisa se deslizó aún más y Scarlett pudo ver la totalidad del tatuaje.  Uno inconfundible para ella, era el de su banda favorita…





 


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