EL MATRACA
Corría el año 1985 y con mis compañeros quisimos formar un grupo musical. Todo esto motivado porque a la Joaquina le regalaron un triangulo, uno de verdad marca Arko. Y como la Paula tocaba el metalófono mejor que nadie, se nos ocurrió la idea, en realidad a mí. La misión era reclutar a Rodrigo, que tocaba la guitarra para la iglesia. A priori no le gustaba eso de las bandas o grupos de música; eran herejes decía, pero seguro con una Coca-Cola lo convencíamos. Para desgracia mía, a pesar de ser yo quien organizaba todo, era el único que no tenia instrumento ni talento. Me encantaba la batería, probablemente porque sentía que era solo darle golpes al tambor y listo. Como mis padres jamás me comprarían una, tenía que improvisar. Agarraba lo tarros de leche Nido, y le daba. Obviamente, duraban el día, ya que mi mamá irrumpía violentamente en mi pieza y, sin decir palabra alguna, me miraba fi...