LA OSCURIDAD DEL DESTELLO
Mis abuelos fallecieron hace unos días, y de pronto, mi casa se transformó en un museo. Todo heredado de mis abuelos: el sofá para living, la mesa centro, la estantería de los libros, los mismos que nunca han leído, pero ahí están.
Hasta la cama de mis papas fue cambiada para usar la de los abuelos, ya que, según mi mama, era de mejor calidad. Mas sólida, decía ella.
Mi madre es italiana, por lo que desde pequeños nos enseñaron a decirles “Nonnos” a mis abuelos. A mi no me gustaba mucho porque no éramos muy cercanos, luego ya me dio lo mismo.
Hasta la vajilla que empezamos a usar fue de ellos.
En la pieza de mi hermana pusieron unos cuadros que me parecen terroríficos. Afortunadamente, se los pusieron a ella y no a mi.
Como no había mas lugar con todo lo que trajeron, a mi mamá le pareció que la lámpara de velador de mi Nonno se vería muy bien en mi pieza.
Es horrible y muy vieja, pero como fue casi una imposición de mamá, no tuve mas remedio que aceptarla. Afortunadamente fue solo eso y nada más.
Mi madre estaba devastada por la muerte de ambos, así que era mejor no molestarla.
Esa noche, cuando me fui a acostar, prendí la lámpara del Nonno para que mamá me leyera un cuento, y sin darme cuenta, entre en el sueño mas profundo.
De pronto algo me molestaba; mi cara comenzó a moverse por un destello. Abro los ojos y la lámpara del abuelo estaba prendida. Seguro mi mamá olvidado de apagarla cuando salio de la pieza.
Ella acostumbra a dejarme la puerta del dormitorio cerrada, tal como lo hacían con ella.
Estiro mi mano y la apago. Estaba tan cansado por todo lo sucedido que me volví a dormir muy pronto.
Estaba entrando en ese exquisito sueño profundo cuando algo me despierta de nuevo. La lámpara hacia parpadeos con diferentes intensidades.
Rápidamente abrí mis ojos para poder ver, y la luz se apagó.
Un mal sueño pensé, y trate de conciliar el sueño mientras mi mente seguía pensando en que ese parpadeo fue real.
Aquella noche no paso nada más, pero me dejo una sensación rara.
La siguiente noche, todo como de costumbre. No pasó nada extraño, por lo que confirmé que todo había sido una pesadilla. Nunca ha pasado nada en casa, por lo que de seguro fue solo mi imaginación.
La tercera noche me fui a acostar, como de costumbre; mi madre me leyó un cuento como lo hacia siempre y apagó la lámpara para dormir.
Soñaba algo maravilloso cuando lentamente me fui despertando por la luz de lámpara prendida.
Sentí una sensación extraña, ya que estaba seguro de que mi mamá había apagado la lámpara.
Al estirar mi brazo y apagarla, sentí un frío que recorrió mi espalda, una sensación de miedo, de querer salir corriendo de ahí lo antes posible.
Me tape con las cobijas entero y solo dejé mi cara fuera. Luego sentí que también debía tapármela.
Me estaba quedando dormido cuando, a través de las cobijas, vi el destello de un parpadeo. Lentamente saqué la cobija de mi cara para poder ver.
La lámpara estaba prendida.
Mi respiración se agito, un escalofrío recorrió mi cuerpo y mi piel se erizó.
Llame a mi mamá lo mas fuerte que pude. Ella abrió la puerta de mi pieza muy agitada preguntando: -¿que paso?.
No sé, le respondí, la lámpara se prende sola.
Hijo, por favor, vuelve a dormir, son las 3 de la mañana, me dijo.
Mi corazón latía rápido, por lo que era poco probable que me durmiera.
Al ver mi cara, mi madre se acercó, se acurrucó a mi lado y comenzó a acariciarme la cabeza. Lentamente me fui relajando hasta que me volví a dormir.
No sé cuánto rato pasó hasta que, en medio del sueño, veo por el rabillo del ojo un parpadeo de luz. Los abro y la lámpara estaba parpadeando en tonos amarillos. Intento incorporarme para tratar de entender, pero esta vez sentí un escalofrío que recorrió mi cuerpo. Me acerqué para mirarla y corroborar que no es un sueño.
Siento un chirrido y la ampolleta explota por dentro, junto con un grito mío. Todo se puso a oscuras.
Mi mama llega nuevamente, abre la puerta muy rápido y prende la luz principal.
Me mira con incredulidad y algo de enojo por no dejarla dormir, y sin decir palabra alguna toma la lámpara, la desenchufa y luego me dice:
- Me la llevo a mi pieza. Ahora, duérmete-.
Antes que pudiera responderle, me dijo:
-Tuviste un mal sueño; todo esto es producto de tu imaginación y no me haz dejado dormir en toda la noche-.
Apagó la luz principal, me dijo buenas noches y cerro mi puerta.
Sé muy bien lo que vi y sobre todo, lo que sentí.
Mientras seguía pensando en lo sucedido, cerré mis ojos y lentamente me fui quedando dormido.
Estaba soñando con un hermoso paseo con mi familia, en un bello lugar cerca del río, cuando un grito desgarrador me trajo a la realidad.
Me bajé de la cama, abrí la puerta de mi pieza y veo a mi mamá pálida, con los ojos muy abiertos, repitiendo una y otra vez…
¡La lámpara se prendió y no está enchufada!

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