MADRE HAY UNA SOLA
Era una noche cálida de primavera y Javiera, como todos los días, se disponía a dar de comer a sus hijos pequeños. Una de 10 y el otro de 7.
Es madre separada por lo que cargaba con las labores domésticas además de su trabajo. Cuidaba a sus hijos como lo mas sagrado e intentaba, con sus medios, llenar ese espacio de aquel padre ausente que nunca estuvo.
Sus hijos eran obedientes y muy respetuosos. Niños bien educados gracias a ella.
A pesar de lo pequeña, era una buena familia. Solo ellos tres.
Luego de cenar, llevó a sus hijos a su cuarto y como era costumbre se quedaba con ellos un rato para conversar. Era muy creyente, por lo que hacia que sus hijos oraran antes de acostarse. Siempre hay que agradecer a Dios decía.
Afortunadamente se durmieron de inmediato.
Esa noche estaba particularmente cansada ya que fue su primera visita al gimnasio al cual se había inscrito. Su idea era retomar un poco su vida y volver a cuidarse luego de tantos años de dedicación y tiempo abnegado a sus hijos.
Una copa de vino la acompañó al cuarto para poder disfrutar de su Serie favorita, que ese día estrenaba nueva temporada. Una pequeña brisa entraba por la ventana, y coronaba perfectamente el momento para comenzar a verla.
La copa de vino ya se había acabado cuando comenzaba su segundo capítulo. Pensó que si seguía viendo, iría por otra copa más. Decidió seguir.
Bajó las escaleras y al llegar a la cocina se percató que una ventana estaba mas abierta de lo habitual.
Debió ser el viento, pensó. La volvió a su posición, lleno su copa y subió.
Una explosión en la Serie le impidió oír un ruido en el primer piso. Sin embargo, en su cabeza quedo dando vuelta el pensamiento del por qué la ventana estaba abierta de esa manera.
Quizás por instinto, o pura fortuna del destino, le bajo el volumen al televisor, y sintió un ruido que provenía del primer piso.
Un escalofrío recorrió su cuerpo. Sus hijos durmiendo ajenos a todo.
Instintivamente apagó las luces y se bajó de la cama. Pensó lo peor, y lo peor estaba a punto de suceder.
Con cautela se acercó al borde de la escalera para ver hacia abajo. Todo estaba muy oscuro y solo confiaba en sus instintos. Los segundos parecían eternos, y decidió bajar.
Muchas veces el valor proviene de lugares desconocidos, y sus hijos eran todo para ella.
Llego abajo. No sintió ruidos y tampoco veía con claridad, sin embargo su instinto le decía que algo no andaba bien. Respiraba agitada sin emitir sonido. Sus pupilas estaban dilatas y su piel erizada.
De pronto sintió un fuerte golpe en su cabeza y vio una silueta abalanzarse sobre ella…
El humo del revolver aún no se disipaba y se dio cuenta de que todo había acabado. Sus manos ensangrentadas, que era lo único que podía ver, daban cuenta de la gravedad.
Sangre corría desde su cabeza y casi le nublaba la visión. Su respiración era agitada, sus pupilas aún dilatadas recorrían el lugar en busca de explicaciones.
En el suelo, yacían 2 cuerpos sin vida. Ambos asaltantes, muertos.
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