ENTRE CUADERNOS

 



    Fiesta de graduación, por fin, he esperado este momento desde primero medio.

    Siempre encontré que el colegio era inútil. Una pérdida de tiempo, no porque el colegio sea malo, o lo haya pasado mal, sino porque ocupaba mucho tiempo de mi día.

    Debo decir que mis más grandes amigos nacieron ahí; aún así, no me gustaba ir cada día, todos los días.

– ¡Que maravilla, la fiesta de graduación! Al fin, por fin.–


    He tenido de todo en este colegio: muy buenas experiencias y otras que prefiero olvidar.

    Hasta segundo año de educación media, era el gordito del curso. Bueno, en realidad no tanto. Había uno más gordo que yo, aun así estaba en la categoría de los gorditos en vez de los populares, que es donde yo quería estar.

    No tenía un problema de personalidad, por lo que mi condición de gordo no me afectaba como a otros, pero claramente, no me gustaba nada.

    Me pellizcaban los tetillas cuando entrábamos al camarín, luego de la clase de educación física. Pero la verdad, no era algo que me acomplejara mucho, ya que era en ese lugar y no en medio de una sala de clases.


    En general, mis compañeros eran bastante respetuosos, y era a mí a quien  incomodaba la gordura, ya que me limitaba la conquista de chicas.

    Como tengo un carácter fuerte, decidí en un momento bajar de peso. Las chicas se habían trasformado en una obsesión para mí. Todos mis compañeros ya tenían novia, o iban en vías de tenerla. En cambio yo sentía que mi cuerpo le jugaba una enorme zancadilla a mi ego.


    A partir de ese momento, bajé de peso y todo cambió. Incluso el trato de los compañeros mas desagradables; mis compañeras comenzaron a hablar conmigo mas que antes, y todo se volvió maravilloso.

    Yo, solo tenía ojos para Alessandra. La verdad, mis ojos estaban fijos en ella desde hace mucho tiempo, solo que el disfraz de grasa que me cubría me hacia invisible a sus ojos.


    Tuve dos intentos fallidos de pedirle que seamos novios, y en ambos casos recibí el mismo rotundo: “ ¡NO!”. 

    Lo pongo en exclamación ya que así sucedió. Prefiero omitir su risa luego del “NO”, ya que me sentiría más humillado aún. En fin.


    Cuando nos confirmaron que la fiesta de graduación se realizaría, mi mente revoltosa pensó inmediatamente en invitarla a ella. 

    Me armé de valor, y en el recreo encontré el espacio perfecto para acercarme y decirle.

    Tenía unos pocos segundos para hacerlo, ya que sus odiosas amigas no se le despegaban jamás. 

    Tenia a mi favor, en esta oportunidad, mi estupendo físico, que me había costado un continente lograrlo, pero el fin valía la pena. Me sentía más seguro que nunca, así que no había razón en el mundo para que se negara a ir conmigo a la fiesta de graduación.

    Me acerqué, puse mi mejor cara de galán, la que había entrenado por meses frente al espejo, y lancé las primeras palabras.

    Levantó la vista, me miró directo a los ojos, que en su caso eran unos maravillosos ojos de color azul, que me desestabilizaban.

    Apreté la mandíbula y sonreí, esperando su respuesta.


    Se tomó su tiempo, no sé si por orgullo, o por sadismo, y mirándome con esos hermosos ojos me dijo: –NO.


    La expresión de mi cara tiene que haberle pedido una explicación sin decirlo.


– Voy a ir con amigo de fuera de la escuela, me dijo.

– No hay problema, le respondí.


    Mirándola pensé: ¿Cómo puede ser que ya tenga pareja si recién nos confirmaron que la fiesta se va a realizar?

    En fin, como la dignidad va primero, hice como si no me importara mucho y seguí como si nada.


    Llegó el día de la fiesta y yo no conseguí pareja, pero no por eso iba a dejar de ir. Era la instancia que esperé durante toda mi vida, y no me la perdería por nada, ni siquiera por ella.


    Como estaba mas flaco, me veía muy bien vestido formal. Y en relación a pareja, seguro allá encontraré a alguna compañera que le haya fallado su pareja.


    Llegué a la fiesta un poco después de la hora en que nos citaron. No es glamoroso llegar justo a la hora,  siempre es mejor un poco de desfase para causar expectación.


    La música ya había comenzado, y rápidamente busqué a mis compañeros. Estaban todos dispersos, pero los encontré; cada uno con sus parejas. 

    Ellos sabían que yo iría solo, así que me sentí acogido por todos. No hubo burlas al respecto.


    Estaba en esa conversación, cuando veo de reojo a Alessandra, quien estaba hablando con una pareja de amigos, pero ella estaba sola. 

    Su pareja debe haber ido al baño, pensé.

    La fiesta continuó, y por supuesto, no despegué la vista de ella. 

    Grande fue mi sorpresa al darme cuenta de que estaba sin pareja. Sin pensarlo mucho, y animado por esos champagne que nos regalaron, me acerqué a ella.

    Bailemos, le dije, y para mi sorpresa, aceptó.


    A partir de ese momento, todo para mí fue un sueño hecho realidad. Nos reímos mucho, conversamos mucho también. Hacíamos pausa en el baile para ir por nuestros tragos. El momento era idílico.

    Como la fiesta era “Retro”, mi papa me había contado que el momento indicado para cualquier aventura romántica, eran los “Lentos”, ese espacio en el que el DJ pone música más suave y romántica para bailar, y es ahí donde uno actúa.


    Para fortuna mía, ese momento llegó pronto. Sin cuestionarme mucho, me animé a invitarla a bailar nuevamente. Como el ambiente entre ambos estaba extremadamente alegre, me miró con cara de picardía y me dijo: “¡Vamos!”


    Era increíble todo lo que estaba sucediendo. Ni en sueños me habría imaginado estar en esa situación, particularmente con ella. La tomé de la cintura, ella de mis hombros y comenzamos a movernos siguiendo el sonido. De pronto, ella me acerca y abraza. Sentí ese aroma exquisito de su perfume; me hablaba a la altura de mi oído, nos sonreíamos con cada palabra y mi corazón latía aceleradamente.


    De pronto nos miramos fijamente a los ojos, la música era la indicada para lo que venia, y sin pensarlo más, me acerqué lo más despacio posible, para que ese momento perdurara para siempre. La miro por última vez, y cierro los ojos. 

Siento el aroma de su labial, y luego el contacto con sus labios. Estaba comenzando a elevarme cuando abruptamente apagan la música, prenden las luces y siento una voz…


– ¡Gonzalo despierta, estamos atrasados!

–¿Atrasados para qué mamá?

– Para ir al colegio hijo

– ¡Pero si ya egresé mamá!

– Déjate de bromas Gonzalo, te queda una semana de clases y después tu fiesta de graduación. ¡Levántate de una vez!




 




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