EL MAGO
Como era el aniversario de nuestro matrimonio decidí invitar a mi amada esposa a un restaurante a una cena romántica.
Llevamos casi 20 años de matrimonio y la cotidianeidad con la que debemos cumplir, y los hijos por otro lado, no nos han permitido salir solos muchas veces.
Las pocas veces que salimos, es en familia, todos juntos, y a ratos siento que nos falta un poco de intimidad en ese sentido.
Tenemos una relación maravillosa y, afortunadamente, nos llevamos muy bien hasta el día de hoy.
Ese día quise que fuera especial para ella. Quería agasajarla con todo lo que le gusta, y como me habían dado un dinero extra por mis positivos resultados del mes anterior, decidí dejar ese dinero única y exclusivamente para celebrar nuestro aniversario.
Compré una torta sorpresa para ella. Que gracias a la ayuda de uno de mis hijos la ingresé a la casa, y el día real de nuestro aniversario la desperté con la torta en la mano, tarareando la canción con la que nos dimos el primer beso.
Lágrimas en sus ojos al verla. Me emocionó mucho.
Nuestro aniversario real fue un día miércoles, por lo que decidí, para estar tranquilo y sin apremio de tiempo, celebrarlo el día sábado invitándola a su restaurante favorito.
Ama las pastas por sobre todas las otras comidas, y ese restaurante en particular es propiedad de un italiano que las prepara él mismo y las va a servir a la mesa. Es una delicia la comida y el lugar.
Era un día de primavera, y ese en particular tuvo una temperatura casi de verano, por lo que decidimos sentarnos en una de las terrazas del local.
Todo maravilloso. Si bien el restaurante esta en medio de la ciudad, tiene una atmósfera de campo, mucha vegetación e incluso tiene una arroyo artificial que cruza el jardín, por lo que se transforma en un lugar mágico.
Pedimos nuestros aperitivos y le agradecí por tantos años juntos de amor, lealtad y complicidad. Todo era idílico. Por fin un momento para nosotros solos, sin casa, sin hijos, sin trabajo, solo nosotros y un tiempo hermoso para compartir.
Para aumentar el romanticismo, le pedí a mi cuñado que se llevara a mis hijos a su casa para disponer de nuestra casa toda la noche y sin interrupciones.
Recuerdos, risas, vino y una exquisita comida. Todo estaba saliendo mejor de lo que me pude imaginar.
Estábamos en la mitad de la conversación cuando se acerca a nuestra mesa un joven, bien vestido, con cara afable y nos dice:
–Muy buenas noches, soy el mago del restaurante. ¿Desea ver magia?
–Por supuesto, le dije.
Como ya nos habíamos topado con otros magos anteriormente, sé que darles una propina es lo que corresponde en estos casos. Es su trabajo y, además, lo hacen muy bien.
Un momento de magia en una noche mágica nos viene muy bien.
Abro mi billetera y solo tenia 10 dólares; sin embargo, no se los podía pasar completos, ya que necesitaba dinero también darle a la persona que cuida los autos.
Mitad para cada uno, pensé.
Lo miro y, antes de que empiece, le digo que solo le puedo dar 5 dólares, pero tengo un billete de 10.
–¿Tienes cambio?, le pregunto.
– No, me contesta, pero no se preocupe, luego de la magia yo cambio con los meseros y le devuelvo sus 5.
–Excelente, le dije.
Tenía una baraja que manejaba con mucha habilidad. Las revuelve, las separa, forma un abanico, las mezcla de una forma sorprendente.
Separa la mitad, luego la mitad de la segunda y le pide a mi señora que elija una carta. Ella la escoge.
Saca un lápiz marcador y le pide que la firme.
Movió la carta firmada para secar la tinta y luego le pide que la ponga en medio de la baraja pequeña. Él nos dice que para hacerlo más difícil usará la baraja completa. Adivinará cuál era su carta dentro de las 52 que tiene el mazo.
Toma el total de cartas y vuelve a repetir los movimientos del principio. De pronto se detiene, mueve un poco el mazo y una sola carta sobresalía de la baraja. Le pide a mi esposa que la tome, y ¡voilà! , era la carta firmada por ella.
Ambos reaccionamos con una risa de sorpresa y un pequeño aplauso espontáneo.
“Iré a cambiar el dinero y regreso”, nos dijo.
Esa pequeña magia nos había vuelto a la niñez, sorprendidos y encantados; nos reíamos. La noche era maravillosa, el cielo estaba despejado, comida exquisita y esta pequeña sorpresa de la vida que nos había asombrado.
Mientras esperábamos y terminábamos las ultimas copas de vino, nos recordábamos de tantas situaciones que habíamos podido pasar de buena forma como pareja y de la linda familia que hoy teníamos.
Los minutos siguieron avanzando y, en un momento de pausa de la conversación, reparo en que el mago aún no ha vuelto. Ya habían pasado mas de 20 minutos por lo que me extraño la situación.
Llamo al mesero y le pregunto por el mago.
–¿Que mago?– me dice.
– El del local, le respondo.
– En este restaurante no tenemos ningún mago contratado…
No lo puedo creer, el mago hizo desaparecer mis 10 dólares…
Frustrados por la estafa, decidimos irnos y enorme fue la sorpresa de mi esposa al darse cuenta de que su cartera no estaba.
Miramos por todos lados, y nada por aquí, y nada por acá…
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