TIC – TOC
Como cada noche, llené mi copa, tomé mi libro de turno y me fui a la cama. Me regalaron un nuevo libro de mi autora favorita por lo que estoy muy ansiosa de comenzarlo. Es un thriller; suspenso puro de ese que me encanta.
Tengo la costumbre de dejar mi celular en el living cargándose por la noche. Alguien por ahí me dijo que era mejor así, sobre todo para evitar, que cuando uno se desvela, agarrarlo y desvelarse más aún.
A estas alturas de la vida, el sueño es para mí inamovible. Con los años aprendí que era casi lo más importante para mí si quiero tener una buena calidad de vida.
Acá estamos en pleno invierno, por lo que el panorama de estar leyendo en la cama junto a una copa de vino es un éxtasis que no estoy dispuesta a transar.
Entro a mi cama, mis hijos duermen, así es que el panorama es inmejorable. Desde que me separé, estas instancias se hicieron sagradas para mí, ya que antes no las podía tener con esta libertad. Hoy puedo tener la luz del velador prendida hasta la hora que quiera, sin tener que lidiar con los reproches de mi exmarido.
Tomo el libro, huele a nuevo, me fascina. Un sorbo a este exquisito vino y comenzamos.
Tuve un día bastante movido, por lo que pronostico que no será una maratón de lectura, pero para mí está bien así. Mi cuerpo manda y yo obedezco. Cuando me dé sueño, lo suelto.
El primer capitulo está increíble. Esta autora logra que vaya por mi segunda copa y sin culpas. Voy en la mitad del segundo capítulo y me dan ganas de traerme la botella a la pieza, pero pongo un poco de racionalidad a la situación y opto por terminar el segundo capítulo y dejar la intriga para mañana por la noche.
Me levanto por última vez al baño, aprovecho de llevar la copa a la cocina, verifico que mis hijos estén bien y vuelvo a la cama. Qué momento más placentero.
Antes de poder mentalizarme para quedarme dormida, entré en un sueño profundo. Casi se me queda la lámpara prendida que, afortunadamente, con la última neurona funcionando, la logré apagar a las 22:30 horas.
Estaba en la mitad de un sueño maravilloso, de esos de aventura, casi como una película de ficción, cuando mi cuerpo me despierta para ir al baño.
Con decepción y somnolencia, me despierto. Tomo mi reloj pulsera, presiono el botón para ver la hora. Son las 05:30 AM.
He dormido bastante, pero aún es muy temprano para partir el día, por lo que, antes que se me cruce otro pensamiento, vuelvo a la cama, me arropo bien y casi sin esfuerzo me duermo de nuevo. ¡Qué maravilla!
Por desgracia no pude retomar ese maravilloso sueño de aventuras que tuve hace unas horas. Por más que intenté concentrarme para hacerlo, la mente dijo lo contrario.
Sueños al azar, fugaces y sin significado estaba teniendo cuando siento que me despierto nuevamente. Otra vez mi cuerpo pidiéndome baño.
Sin duda fue la copa extra de vino que me tomé, pero no importa, la circunstancia lo ameritaba.
Tomo mi reloj pulsera para ver la hora. Aprieto el botón de luz y me dice que son las 04:00 AM.
Debo haber visto mal, pensé.
Voy al baño y a la vuelta verifico la hora. Eran las 04:00 AM.
Bueno, seguramente debo haber visto mal la hora la primera vez. Como estaba tan dormida, es altamente probable que así sea.
Da igual. A dormir de nuevo.
En la mitad de un sueño hermoso, de esos románticos, un ruido proveniente de afuera me despierta. Estiro mi brazo para correr la cortina y ver qué lo producía. Eran dos jóvenes llegando o partiendo a alguna fiesta que estaban pasando por fuera. Hablaban muy fuerte y, al parecer, uno de ellos chocó con el basurero que yo dejé afuera.
Inconscientes, pensé.
Con algo de enojo por la abrupta interrupción, tomo mi reloj para ver la hora. Mis ojos se abren y mi mente se despierta en un segundo al darme cuenta de que marcaba la 01:30 AM.
No puede ser, no estoy tan dormida ni ebria para ver lo que estaba viendo.
Me consta que cuando vi la hora, hace unas horas, eran las 4 AM. ¿Cómo es posible tanto error en la misma noche?
Completamente confundida, me dirijo al living en busca de mi celular. Quizás mi reloj pulsera se averió y esa sería la explicación de los cambios de horario.
Lo desenchufo, lo prendo y marcaba la 01:30 AM.
Mi mente se explotó pensando en las posibilidades de lo vivido, pero no encontré ninguna terrenal. Con desconcierto y aún pensando en esto, opto por ir a la cama de nuevo. Hasta llegué a pensar que todo había sido un sueño y que jamás me levanté durante la noche.
Me costó un poco conciliar el sueño pero lo logré.
Tan inquieta estaba mi mente buscando explicaciones, que volví a despertar. Sentí que solo me había dormido unos pocos minutos. Lo primero que hice fue volver a tomar mi reloj pulsera; presioné su luz para ver la hora y, sorpresa, marcaba las 11:30 PM. Verifico el día y no había cambiado.
Me acosté un lunes, me dormí, me desperté, me levanté y, ¿seguía siendo el mismo lunes por la noche?
Pensé estar volviéndome loca. No puede ser posible.
Fui a la cocina y busqué ese tranquilizante natural que me había regalado mi mamá. Tomo dos cápsulas con un gran vaso de agua y vuelvo a la cama sin darle más vueltas al asunto.
No encuentro una explicación racional para esto, salvo que me haya equivocado en ver la hora 3 veces seguidas. Transitaba en ese pensamiento cuando siento que las pastillas comienzan a hacer efecto y entro en un sueño profundo hasta que, entre sueños, siento un sonido al lado mío…“CLICK”.
Asustada, me incorporo e intento prender la luz y, me topo con la mano de mi hijo en la lámpara.
— ¿Qué haces acá hijo?
— Te vine a pagar la luz mamá, te quedaste dormida leyendo.
— ¿Que hora es?
— Las 22:30 mamá…
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