LA HISTORIA PERSONAL DE LOS PRONOMBRES
Yo estaba sentado ese día en mi restaurante preferido, disfrutando de lo que más me gusta un día sábado por la tarde. Tomando una cerveza helada mientras leo mi libro.
La comida ya llegó y es uno de mis momentos preferidos de la semana: nadie me molesta, no hay hijos, no hay esposa, ni trabajo; un instante exquisito solo para mí.
Ese día estaba tranquilo hasta que tú llegaste. Como era de esperar de la malo con él. Yo sabía que tenías esa relación, pero como el tiempo tapa muchas cosas, también lo hizo con lo que en algún momento sentí por ti.
Él, con su arrogancia habitual, mientras tú caminabas como si no me hubieras visto para evitar ese incómodo saludo, como si nada hubiese pasado.
Nosotros en esa época tuvimos una hermosa relación que desgraciadamente no llegó a puerto, y no fue precisamente por mí, pero no quiero llevar mi mente a ese momento de mi vida.
Seguí con mi lectura para limpiar mi mente de tanto pasado.
Los minutos pasaron hasta que llegaron ellos. Esa pareja perfecta que aún lo siguen siendo. Una relación que partió en el colegio y que, por lo que hoy veo, se mantiene inalterable. No alcanzaron a sacarse las chaquetas cuando llego el mesero amigo, ese que vino de paso por la ciudad y se quedo a vivir. El español, le decíamos los comensales habituales del restaurante, ya que era oriundo de Madrid.
– ¿Vosotros deseáis ordenar? – les preguntó el madrileño.
Ellos pidieron sus platos. A la distancia nos saludamos y continué con mi lectura, que a esas alturas no había avanzado nada, ya que había comenzado el mismo párrafo unas 3 veces sin éxito.
Él, tu novio actual, se dio cuenta de mi presencia, y yo sé que tu también, solo que preferiste ignorarme. Él me miro e hizo señas de saludo. Con mi mejor cara de cinismo, y una sonrisa dibujada que ya la tenía entrenada, le respondí el saludo con la mano.
Con gestos me invitó a sentarme en su mesa, a lo que desistí con otro gesto indicándole que estaba bien donde estaba.
Como el ambiente se había tornado tan tóxico, pedí la cuenta, cerré mi libro y salí sin mirar a nadie.
Yo, tú, él, nosotros, vosotros y ellos, estuvieron presentes en esa nefasta y circunstancial noche…
Comentarios
Publicar un comentario