EL GALÁN


 



         A sus casi 60 años nunca se dio cuenta de que el tiempo pasó. Se siente igual de joven y atractivo que a los 20. Se esfuerza a diario por mantener ese peinado de juventud con el poco pelo que le queda. Y solo busca prendas de vestir que vayan a tono con su edad mental. 


        Pudo comprar ese auto fastuoso auto deportivo de color rojo italiano con el que puede despeinar esa escasa cabellera. Lentes negros agatados, estilo “Miami Vice”, muy acorde al estilo. Piel dorada, producto de una mágica crema autobronceante, que por abuso, hay días que llega a verse anaranjada.         Todo esto le sirve para enmarcar una sonrisa de blancura fluorescente. Nada queda al azar.


    Cada sábado visita alguna disco buscando ese amor de una noche que jamás llega. Insiste en hablar como sus hijos, y en su mas profunda intimidad siente que marca tendencia con su estilo.

    Su vida social es más bien pobre. Los mismos de siempre, haciendo lo mismo, en los mismos lugares. 

    Sus amigas, también cincuentonas, pasan a ser su harén. El que le sirve y necesita para mostrar que aun tiene dotes para ser el galán de siempre.


    Sigue siendo el mismo de hace 30 años, salvo por esas incomodas arrugas que hoy luce. Poco queda de ese cuerpo veraniego de aquella época; mas bien una piel arrugada, abundante flacidez y muchas canas con las discute cada semana para mantenerlas a raya con tintura importada.


    Al igual que un paciente pescador en la playa, busca cada sábado la atención de alguna mujer en la disco que note sus esfuerzos estéticos y pique el anzuelo.


    Sabe que no es fácil, pero nunca pierde la esperanza de lograr esa reivindicación que lo vuelva al sitial que siente le pertenece. Ese de galán irresistible que recorría las playas en la década del 80. La conquista es lo suyo, pero el cuerpo ya no lo acompaña.


    Tiene una excelente relación con sus hijos, quizás por esa forma de ser el “papá buena onda”. Ese papá cercano que ve en ellos una píldora de juventud que tan bien le hace.


    Quizás por eso es que alterna sus noches de disco con alguno que otro almuerzo fuera de casa. No por comodidad, sino mas bien por ver a gente nueva.


    Era un día miércoles a la hora de almuerzo. Un día como cualquier otro, sin ninguna gracia mas que ser la mitad de semana y estar más próximo a lo que hace cada sábado.

    Pidió un Pisco Sour y, a diferencia del habitual de las veces, dejó su celular al costado y se dedicó a mirar el entorno.

    No había nada inusual que llamara su atención hasta que por la puerta del restaurante entró ella.


    Joven, bella y natural. Irradiaba luz en su andar. Bella sonrisa y una hermosa piel de color dorado. No por cosmética, sino por un estilo de vida muy cercano a la naturaleza, y eso se notaba en todo su aura.

    De ropa simple y cómoda que solo afirmaba su esencia, cosa que la hacía destacar en el entorno.

    Se veía mas joven de lo que era. A sus 38 años solo representaba una muchacha de no más de 25. Y quizás por esto, es  que nunca perdió de vista que aquella hermosa mujer podría ser una más de sus conquistas.


    Quedó absolutamente impresionado de la energía que irradiaba aquella hermosa mujer, que para su fortuna se sentó en la mesa de al lado.

    Se puso tan nervioso que afloraron todas sus inseguridades. En un mal moviendo choca su celular, el que cae al suelo. Rápidamente intento recogerlo, pero se encontró con que ella ya lo tenía en su mano para devolvérselo.

    Sus miradas de chocaron. Ella tenia unos hermoso ojos color miel que hicieron que todas sus inseguridades mas adolescentes llegaran a su nivel máximo.

    “Toma”, le dijo ella.

    Sin poder despegar la vista de esos hermosos ojos, le agradeció y sonrío como un gesto instintivo de vergüenza.

    “Que mal momento para tener esta torpeza”, pensó.


    Armándose de valor y buscando la frase idónea, que no encontró, optó simplemente por presentarse. Ella venia llegando a vivir a la ciudad y, sin conocer a nadie, le pareció en ese gesto, una buena posibilidad de comenzar a formar un nuevo círculo social en esa ciudad.


    Los minutos transcurrieron y la conversación se fue dando de forma natural. No pasó mucho mas tiempo hasta que él la invito a sentarse a su mesa, lo que ella aceptó.


    Si bien su instinto de galán cazador siempre estuvo presente en aquella reunión, por algún motivo se relajó del todo. Algo había en ella, o en la misma conversación, que producía en él mucha tranquilidad. 

    No se sentía presionado, y sin quererlo ni buscarlo, sus máscaras se cayeron. Y esa conversación que partió tímidamente se transformo en risas.



    De aquella noche ya han pasado varios años. La historia continuo así, llena de reuniones con interminables conversaciones, risas y sin darse cuenta, de mucho aprendizaje para él. 

    Esa hermosa mujer con su naturalidad y un sinfín de intereses por la vida, hicieron que él se maravillara de aquel mundo que estaba empezando a conocer. Muy lejos de lo que pensaba que era el sentido de su vida.


    Sin bien nunca llego a ser un amor de pareja, ni tampoco una aventura, si resultó ser una gran amistad.


    Como cada miércoles se reúnen en el mismo lugar a almorzar. Hoy en día; él ya no maneja un convertible rojo, ni esta bronceado, ni va a la disco los sábados.





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