PAÍS DE NADIE...
El transporte nos recogerá a las 3:00 AM y nos llevara al otro lado de la frontera.
Estamos en medio del desierto, no sé con exactitud donde, ya que el primer vehículo nos trajo hasta acá con la vista cubierta. Use mis últimos ahorros para pagar esto.
Hace frío y la noche parece mas oscura que otras noches. La tensión es evidente, no solo la mía sino la de mi familia también, y todos los que estamos acá. Sabemos a lo que nos enfrentamos, y también sabemos a que nos exponemos.
Es la primera vez que cometo un ilícito, pero créeme que sino tuviera poderosas razones, jamás lo haría.
Soy profesor y un apasionado de mi profesión. Enseñar a esos niños pequeños es algo que ha llenado mi alma y mi tiempo desde hace muchos años.
Mi esposa también es profesora. Yo de historia, ella de lenguaje.
Estamos parados en medio de la nada, solos y con la única compañía de la esperanza de que vendrán por nosotros. Hay sonidos de animales que jamás había oído, desconozco si son una amenaza o solo circulan por ahí en la invisibilidad de la noche.
Nunca en mi vida pensé que tendría que enfrentar una situación como esta, pero las circunstancias de mi país cambiaron mucho con la llegada del régimen. Autoritarismo, desapariciones, caos económico y mucho miedo. Creímos que seria un gobierno de esperanza, que llenaría al pueblo de un merecido orden y tranquilidad, pero con el tiempo se fue transformando a lo que realmente son. En campaña eran una genuina esperanza de cambio, pero lenta y sostenidamente se fueron cayendo los velos uno a uno para dejar ver su verdadera esencia.
Cometí el error de comentar en el colegio donde trabajo mi disgusto a ciertos aspectos que veía y lo que estaba pasando. Jamás imagine que ese simple hecho terminaría con mi despido y el de mi esposa también. Sin justificación alguna y sin ninguna explicación mas que necesidades administrativas del colegio.
Colegas que trabajaban en otros establecimientos nos dieron las espalda. Lo que no sabia en ese momento es de que no fue por deslealtad, sino por miedo a involucrarse con nosotros y que a ellos les suceda lo mismo.
A partir de ese momento la situación se hizo insostenible para nosotros. Sin trabajo, sin red de apoyo, sin ayuda, sin nada.
Nuestros hijos estudiaban en el colegio del cual fuimos despedidos, y comenzaron a presionarnos por los pagos de la colegiatura, que en ese momento no teníamos como sustentar. Al ser docentes de ahí, teníamos un beneficio en la mensualidad, pero todo eso se esfumó. La situación país comenzaba a hacerse insostenible, y al haber expresado mi descontento en tan solo una oportunidad, sin quererlo ni saberlo, había condenado a toda mi familia al caos.
La hora seguía avanzando, ya solo nos separan minutos de la hora pactada para recogernos y poder por fin cruzar la frontera. El miedo se apoderaba de mi ya que comenzaron a llegar mas personas que viajarían con nosotros. Tenían un aspecto y lenguaje muy distinto a lo que mi familia estaba acostumbrada. Mi esposa es un mujer muy bella, no solo físicamente sino de alma, pero en esa instancia solo destacaba su belleza física, lo que me inquietaba mucho ya que la mayoría ahí eran hombres solos.
Respiro hondo y mantengo la cordura, tratando de mantener una imagen sólida que ahuyente cualquier intención de acercamiento a mi esposa.
Mis hijos temblaban ya que la temperatura en el desierto baja considerablemente por las noches. Nos arropamos con lo poco que traíamos en nuestras mochilas. Nada mas viajaba con nosotros, solo una gran esperanza de que todo saldría de acuerdo a lo planeado.
Teníamos que estar en silencio y agachados, lo que aumentaba la tensión y el frío por lo húmedo del suelo. Mis hijos me miraban cada tanto para buscar respuestas de cómo es que llegamos a una situación así.
A las 3:30 AM se divisa a lo lejos y en la penumbra la silueta de un vehículo. La esperanza crece y la ansiedad también. No se ve con claridad, mas tengo la certeza en mi alma de que es nuestro transporte. Ya somos 12 personas las que estamos a la espera.
Lentamente comienza a acercarse, con sus luces apagadas y un suave sonido del motor. Hace movimientos erráticos, que imagino es por lo accidentado del terreno.
Se acerca…
Ahora lo veo con claridad, es un furgón utilitario de color negro. Al fin llegó.
El conductor se detiene y por la ventana nos dice solo caben 8, la mujer y los 2 niños son prioridad. Temiendo que me dejen abajo, mi esposa le explico que somos una familia, y que yo estaba incluido, al lo que respondió que la prioridad de traslado son mujeres y niños.
MI esposa subió al furgón junto a mis hijos, y de la nada, las personas que ahí estaban, actuaron como una verdadera manada. Empujándose y empujándome para tratar de subir. El deseo de cruzar la frontera sobrepasaba la razón, y me vi haciendo lo mismo para segurar un asiento. La tensión creció a tal punto que los empujones terminaron en golpes de codos para lograr subir.
Mi instinto me hacia responder, pero pensé en el espectáculo que podrían ver mis hijos si terminaba a golpes con alguien, por lo que renuncie a hacerlo de esa forma.
Ninguno de los que se estaban subiendo escucho mis palabras explicándoles que éramos una familia, y que fuimos de los primeros en llegar al punto de reunión, por lo que teníamos prioridad, pero nada, reinaba la violencia y lo mas primitivo del ser humano.
Viendo como estaba la situación, me acerque a la ventanilla donde estaba mi esposa y le dije que partieran ellos, que yo tomaría el siguiente transporte, que según el conductor, llegaría en unos minutos a recoger a todos los restantes.
Mi esposa se negó desde el comienzo, pero pude convencerla que era lo mejor viendo la situación que se había creado.
El conductor comienza a apremiar para poder partir. La miro a los ojos, y de alguna forma me entendió que era lo mejor que podíamos hacer. Primero ella y mis hijos, luego yo…
Lentamente el mini bus comenzó a alejarse perdiéndose en la oscuridad de la noche. Éramos pocos los que quedamos ahí esperando el siguiente transporte. Hacia mas frío mientras transcurrían los minutos. Mis pies y manos me dolían por lo helado que estaban. Seguimos agachados y observando en la dirección en la que vendría el transporte.
Los minutos avanzan, mi mente funciona rápido, pienso mil cosas a la vez pero mantengo la calma, aunque no puedo sacar de mi cabeza los pensamientos negativos.
Ya han pasado 25 minutos, mi cuerpo comienza a tiritar involuntariamente y me cuestiono con mas frecuencia si tomamos la mejor opción. De pronto, entre tanto mal pensamiento, veo a la distancia la silueta de un vehiculo. Trato de concentrar mi vista para corroborar que sea cierto. Los segundos parecen horas y de pronto vuelvo a verlo, ahí viene, por fin ahí viene, la pesadilla esta a punto de terminar. Me miro con los otros pasajeros y esbozamos una sonrisa de complicidad. Sin duda no era el único ahí que pensaba que no llegarían.
Al fin, lo vemos acercarse, ya no falta nada para irnos…
Nos ponemos de pie, tomamos nuestras mochilas, nos alistamos para partir, todo esta listo, por fin la espera termino.
El vehículo prende sus luces y una baliza azul, ¡Policía de inmigración, nadie se mueva!
Comentarios
Publicar un comentario