CON LAS BOTAS PUESTAS...


 

    Han pasado 5 horas y no afloja. Es un incendio declarado, el fuego avanza sin tregua y el viento nos dificulta la labor. Ramas de árboles caen cerca nuestro, animales huyen en sentido opuesto al fuego, el aire se ha vuelto irrespirable y el calor es insoportable.

    Hemos hecho zanjas para intentar cortar el avance del fuego, pero nada ha resultado. Cuando un bosque se incendia no hay nada que lo detenga.

    El Capitán está varios metros delante nuestro, con la manguera de 70 milímetros y el pitón a máxima salida. Nada parece servir, a ratos me da la sensación de que el fuego nos esta rodeando. 

    Los refuerzos vienen en camino. En 30 minutos más dicen que llegarán, pero esto va a empeorar en cosa de minutos.

    Se pidió un avión cisterna por la cantidad de hectáreas que van quemadas y el brusco avance del fuego producto del viento.

    Esto es un infierno, para donde mire hay fuego y humo.


    Llevo una toalla mojada en mi cuello, no solo para protegerme y tratar de enfriarme, sino que además me permite ponerla en mi boca y respirar cada cierto tiempo.


    Capitán nos hace señas de que debemos retirarnos, replegarnos, pero él no se mueve. Está ahí, estoico, con su pitón apuntando a cada llama a su alrededor. El viento cambia la dirección del fuego por lo que se hace imposible evitar su avance.


    La visibilidad empeora por el humo y las llamas a pesar de haber un sol brillante de medio día. 

    El calor es insoportable y ratos me quema la propia chaqueta que me protege.


    Mi esposa e hijos se vienen a mi mente. Para la más pequeña soy su héroe, su súper papá bombero, y me mira con admiración cada vez que me pongo el uniforme.

    Mi esposa nunca estuvo de acuerdo con esto de ser bombero, pero me conoció perteneciendo a la compañía y en su interior sabia que lo seguiría siendo. 

    Cada vez que el radio suena avisando un incendio, me mira como si fuera la ultima vez.

    Amo a mi familia y debo volver sano y salvo a casa.


    Intento avanzar hacia el lugar donde esta Capitán. Está mas abajo que yo, en una pequeña ladera, pero me detiene un movimiento brusco de manos indicándome que me mantenga en mi lugar, despejando la zona de maleza para evitar el avance el fuego. 

    Mi compañero están a un par metros de mi. Veo en su cara la angustia y el miedo, sin embargo también veo la convicción de estar ahí por vocación. El incendio se trasforma en un desafío personal contra el fuego, y no aflojaremos.

    El sonido es ensordecedor; ramas cayendo, el crujido de los troncos al partirse, el viento, el bendito viento que lo hace todo mas difícil.


    Los minutos corren y nada parece suficiente para detener el avance. Escucho por la radio que el avión está retrasado cargando agua. Afortunadamente se han unido helicópteros que ya vienen en camino.

    Estamos en una especie de colina, nosotros en la cima y Capitán unos metros mas abajo en la ladera, para poder atacar el fuego desde mas cerca. Me preocupa, ya que está ahí sólo y siento que debería estar con él para ayudarle, pero debo obedecer sus ordenes. 


    Él es un hombre de experiencia en el combate de incendios, un “Viejo lobo” de la compañía. Querido y respetado por todos. De esos que construyeron su fama mostrando una y otra vez porque es Capitán de la compañía. Hombre fuerte, tanto por dentro como por fuera, y con muchas historias para contar.


    El viento sopla de frente lo que indica que el fuego viene hacia acá. Apuro mi ritmo con la pala intentando torpemente despejar el área de malezas. El tiempo apremia, y se hace imposible en esas condiciones poder avanzar algo. La tierra esta compactada producto del la sequía. Es como tratar de romper cemento con una pala, pero tengo que continuar, renunciar no es una opción.


    Desobedeciendo las ordenes me acerco para verificar que Capitán estuviese bien, mas no alcancé a llegar, cuando giro su cabeza y me volvió a indicar que volviera a mi lugar. No quería hacerlo, mas sus ojos me dejaron claro que debería obedecer la orden.


    Volviendo a mi lugar, el viento volvió a cambiar de dirección en cosa de segundos y todo se transformó en un caos. Polvo en el aire además del humo y las brasas volando. No podía ver nada.


    Perdí de vista a todos mis compañeros, y a Capitán no lo encuentro por ninguna parte. Debo irme de acá ahora, no hay mas tiempo. Quizás después no alcance a hacerlo. Pienso en Dios y en mi familia….


    Retomo la cordura y la valentía. ¡Voy por Capitán!

    Me abro paso entre ramas y brasas. La visera de mi casco esta tan llena de cenizas por lo que con dificultad alcanzo a ver por donde voy.

    Me guío por la manguera en el suelo para saber donde está.

    Avanzo, no veo nada, solo el tenue color rojo de la manguera que me guía hacia Capitán.

    Llego al borde de la ladera e intento mirar hacia abajo y no veo nada, la situación empeoraba. Mi mente piensa en Capitán, pero también en mi familia. ¡Sigo!      



    Comienzo a bajar la ladera y nada. Sigo la maguera para encontrarlo, y el peor escenario estaba a metros de mi. La manguera con el pitón en el suelo, el agua saliendo, y a Capitán no lo veía por ninguna parte.

    Intento recorrer el lugar con mi vista, pero era infructuoso. El aire está irrespirable, y la temperatura me empujaba salir corriendo.

    Intento gritar, pero mi boca estaba llena de tierra y mis pulmones de humo. Mi corazón late a mil, y no podía ver a Capitán.

    Intento bajar un poco mas, pero fue imposible. Las llamas se acercaban, las brasas volaban, y el polvo hacia irrespirable el aire. 

    Giro la cabeza hacia la cima de la ladera y me doy cuenta que nadie ha venido en nuestra ayuda. Debo volver.


    Por un lado sé que Capitán se sabe cuidar mejor que cualquiera, pero por otro, presiento lo peor. Él jamás dejaría su pitón botado en pleno incendio.

    La dualidad me mata pero debo volver. Mi familia no se aparta de mi mente…


    Comienzo a subir la ladera, jadeo cada vez más, no solo por el cansancio y la falta de oxigeno, sino porque mi mente me grita una y otra vez lo malo que está la situación.

    Es inútil gritar, el sonido del viento y el fuego se lleva todo.

    Tomo el radio y pregunto por Capitán pero es inútil, no logro oír nada y tampoco sé si ellos me escuchan a mi.

    Miro a mi alrededor una vez mas por si hay alguna señal de Capitán, pero nada, temo lo peor.

    La manguera se reventó por el calor y el agua corre ladera abajo lo que hace mas difícil subir. Intento avanzar colina arriba pero me resbalo una y otra vez. Me pongo de pie una vez mas. Sé que puedo, tengo poder, mi familia me espera…


    Debí desobedecer las ordenes de Capitán para ir en su ayuda cuando tuve la oportunidad, ahora estamos los dos en este infierno. Siento el calor de las llamas en mi espalda.


    Miro arriba y veo a alguien que me hace señas con las manos de que me mueva hacia la derecha. No logro ver nada, pero mi instinto me dice que obedezca. Quizás Capitán se encuentra ahí y me están guiando. 


    Logro desplazarme hacia la derecha y me doy cuenta de que ahí había un lugar mas despejado para seguir subiendo. Mi corazón late rápido y casi no le queda oxigeno a mis pulmones. Logro ponerme de pie y subir. Un paso a la vez voy avanzando. De pronto me tiran una cuerda para poder subir. La tomo y comienzan a jalar desde arriba. Mis piernas no pueden mas, pero me impulso por el sonido de las llamas y sentir su calor. Subo, subo, lo estoy logrando.


    Llego arriba de rodillas y siento me agarran entre varios y arrastran. 

    -¡Vamos, levántate!


    Por instinto de supervivencia y con la poca energía que me quedaba, logro ponerme de pie y siento me toman del brazo apurándome el paso. Casi corremos. Solo me dejo llevar.


    Llegamos a zona segura, hay que subir al carro e irse inmediatamente, pero Capitán, que pasó con Capitán, no lo podemos dejar ahí.


    Llego al carro, me saco el casco y vacían una botella de agua en la cabeza. Me limpio los ojos para poder ver algo, respiro, por fin un poco de aire.


    Levanto la cabeza y veo a Capitán, se salvó, me aplauden, me desmayo…





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