CON FUEGO JUGÓ, Y FUE EGO LO QUE QUEMÓ…

 



    De una megalomanía estrepitosa, solo podía ver lo que había frente a su nariz.

    Sazonado por los constantes halagos de quienes lo rodeaban, que en la mayoría de los casos era solo por el interés.


    Provenía de una familia tradicional que solo había exacerbado su machismo crónico, el que había aplicado a quien más amaba.


    Pensaba que era el centro del mundo, que tenia una estilo propio y un sinfín de características que sólo eran realidad en su mente.


    Llevado a lo más alto del poder, simplemente como una pieza de ajedrez, para lograr objetivos que eran mucho mas grandes, incluso que su propio ego.


    No era nadie, pero él pensaba que lo era todo. Se autoconvencía de que cada paso que daba era como una obra de arte por su perfección e inteligencia.


    Con un ego acrecentado, había dejado atrás, hace tiempo, cosas tan vanas para él como el amor de pareja. No requería atención alguna, ya estaba ahí, no era necesario más.

    En todos sus cálculos jamás entendió que su esposa no era una pieza mas de su tablero.


    Ella, casi devota a esta estructura antigua de afectos, se fue lenta, pero sostenidamente, liberando y alejando cada día más, sin dar señales de aquello. Y teniendo en cuanta la muralla de ego que a él lo segaba, se confabulo lo que sería el final de una historia que jamás debió haber comenzado…


    Aquella noche, al abrir la puerta de su dormitorio, el exitoso Fabián se dio cuenta de que ni su éxito, ni sus millones, fueron suficientes para retener el amor de su esposa…



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